“Huerto de Olivos” – Van Gogh (1889)

Seguimos con leyendas del olivo, hoy vamos hablar del tronco del olivo; a Van Gogh lo tenía fascinado, y a nuestro personaje de hoy también.

Cuenta la leyenda: 

Una tarde del año 1590, un anciano caminante apareció a las puertas de un caserío cercano al Puente de la Sierra (según unas versiones, ocurrió en la llamada Casería de Jesús, aunque otras versiones la sitúan en un cortijo que había cerca de la Merced y que bien pudiera estar en la actual calle de Jesús). Estaba agotado y a punto de desfallecer y pidió asilo humildemente para pasar la noche.

La familia se apiadó del pobre anciano y no dudó en acogerlo en su casa. Mientras compartían su cena con él, el forastero se fijó en un gran tronco de olivo que usaban como banco y exclamó: “¡Qué buen Nazareno saldría de ahí!”.

Le pidió a la familia que se lo diera, pues deseaba tallar una imagen de Jesús para agradecerles su acogida, ya que, según les dijo, era muy hábil trabajando la madera.

La familia accedió,pasaron unos días y al ver que el anciano no salía entraron en la habitación encontraron la puerta abierta. Penetraron en la estancia con temor y se quedaron boquiabiertos al encontrar la figura de Jesús apenas cubierta por un tosco sudario. 

El matrimonio buscó al anciano viajero, pero no lo encontraron por ningún lado. Lo que sí hallaron fue una nota escrita por él que decía: “A través de esta imagen, amadle con todo el corazón, en la seguridad de que nunca os abandonará”.

La figura alcanzó una gran fama y fueron muchas las peregrinaciones al cortijo para contemplar la magnífica obra. Hoy en día  sigue siendo muy venerada:

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